Morgan y Miranda: una historia de amistad que traspasa fronteras

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La historia de la relación entre la orca Morgan, rescatada en Holanda, y Miranda Theunissen, una holandesa nativa, asombra a todo el que la escucha. Con problemas severos de salud –es completamente sorda y tiene severos problemas de visión-, Miranda ha vuelto por sexta vez a Loro Parque a ver a Morgan, con la que ha establecido un fuerte vínculo. El Parque, mejor zoológico del mundo según TripAdvisor, ha sido el hogar de Morgan desde 2011.

Miranda Theunissen conoció a Morgan hace ya más de siete años en el delfinario de Harderwijk, poco tiempo después de que la orca fuera rescatada en una zona somera de la cosa holandesa del Mar de Wadden. Desde la primera vez que Miranda vio a Morgan, supo que tenían una conexión especial y le cogió mucho cariño, lo que marcó el principio de una relación entrañable. Miranda visitó a Morgan un total de 88 veces durante su estancia en el delfinario holandés, y pasó muchas horas en su compañía, por lo que ambas desarrollaron un vínculo muy profundo.

Cuenta Miranda que, durante sus visitas, ambas se comunicaban con la mirada y a través de gestos, y Morgan no prestaba atención a nadie más cuando ella estaba cerca. Desde la piscina, jugaba con ella, saltaba y bailaba para enseñarle lo que sabía hacer, e incluso le ofrecía pescado. Dice que las primeras veces Morgan siempre se mostraba triste cuando llegaba el fin de las visitas, pero pronto entendió que Miranda volvía una y otra vez, así que se acostumbró a la rutina de verla a menudo. Así, Miranda pudo ver cómo Morgan mejoraba y ganaba peso.

Por eso, pronto empezó a sospechar que no le quedaba ya demasiado tiempo en el delfinario de Harderwijk. El espacio no estaba preparado para un animal como ella y cada vez le quedaba más pequeño. Fue en julio de 2011 cuando el Gobierno de Holanda tomó la decisión de trasladar a Morgan a Loro Parque, al presentarse como un lugar ideal en el que podía integrarse en un grupo social de orcas que recibían un cuidado óptimo para un ejemplar de esta especie y con unos objetivos claros de investigación, educación y sensibilización sobre la conservación de los animales y la protección de sus hábitats.

Miranda asegura que el sentimiento que le invadió al enterarse de la noticia fue de felicidad, aunque al mismo tiempo se sintió un poco triste por no poder estar tan cerca de a la que ya consideraba su gran amiga. Pero no estuvieron separadas por mucho tiempo; poco después Miranda empezó a viajar a Tenerife con el fin de visitar a Morgan y este año volvió a Loro Parque por sexto año consecutivo.

La holandesa cuenta que la reacción de Morgan al verla por primera vez, en su primera visita, sorprendió a todos, incluso a ella misma. Asegura que se quedó petrificada, como si no pudiera creerse que Miranda estuviera allí, observándola y saludándola, tan cerca de ella. Si se cambiaba de asiento, Morgan la buscaba con la mirada; si se acercaba a ella en la enorme piscina, Morgan no se despegaba de su lado. Sin duda, se demostró que había un vínculo capaz de unir a ambas, las dos con sordera.

En su última visita, Miranda acudió al Parque durante varios días seguidos, en los que no se perdió ni una sola vez el show de orcas. La holandesa asegura que observa a Morgan enormemente feliz con sus compañeros en Loro Parque, y promete que, mientras su salud se lo permita, volverá cada año.

Miranda asegura que el equipo de cuidadores de Orca Ocean y toda la familia de Loro Parque pueden sentirse orgullosos de su trabajo, porque Morgan no podría estar en un lugar mejor, y parece realmente una orca distinta a la que apareció en las costas holandesas. Ahora es feliz, dice, y por eso ella vuelve tranquila cada año a los Países Bajos, porque sabe que su gran amiga está exactamente donde debería estar.

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